Contrato de mandato

Contrato de mandato

En el contrato de mandato una persona, mandatario, se obliga a prestar algún servicio o a hacer alguna cosa, por cuenta o encargo de otro mandante.

Sus caracteres fundamentales son:

1.       El mandato es un contrato consensual, puede ser expreso (puede darse por instrumento público o privado y aun de palabra) o tácito, y la aceptación también puede ser expresa o tácita, deducida esta última de los actos del mandatario.

2.       El mandato es un contrario gratuito, a falta de pacto en contrario, o retribuido.

3.       El mandato es un contrato basado en la confianza que el mandante otorga al mandatario, es un contrato intuiti personae.

CLASES DE MANDATO

·         Mandato simple y mandato representativo

El mandatario puede actuar en su propio nombre, sin revelar que gestiona intereses ajenos, o bien por cuenta, interés y encargo de su mandante, en cuyo caso estaríamos ante un mandato simple, no representativo. No se produciría vinculación entre mandante u terceros, los cuales tendrían acciones exclusivamente contra el mandatario, sin perjuicio de las que puedan derivarse de la relación de mandato propiamente dicha entre mandante y mandatario.

Si actúa en nombre del mandante, por el contrario, este es parte en los contratos que gestionando sus intereses celebra el mandatario con terceros: es quien adquiere los derechos y asume las obligaciones que se derivan de esos contratos debiendo cumplir todas las obligaciones que el mandatario haya contraído dentro de los límites del mandato.

Puede existir mandato sin que se haya otorgado poder de representación (mandato simple, no representativo); mandato con representación, representativo, en cuyo caso vincula directamente el mandatario al mandante; y, por otra parte, el poder de representación puede no implicar una relación de mandato, sino de otra especio.

·         Por la extensión de las facultades conferidas

Atendiendo al número de negocios que pueda realizar el mandatario, el mandato puede ser general o especial. El mandato general comprende todos los negocios del mandante; mientras que el mandato especial, solo uno o más negocios determinados.

También habría que distinguir entre mandato concebido en términos generales, que no comprende más que los actos de administración, y para transigir, enajenar, hipotecar o ejecutar cualquier acto de riguroso dominio, donde hablaríamos de mandato expreso.

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LA GESTION DE NEGOCIOS AJENOS SIN MANDATO

Puede suceder que una persona, gestor, se encargue de administrar o gestionar asuntos o intereses abandonados, aunque lo sean temporal e involuntariamente, no personalísimos, de otra persona, de un modo voluntario, sin haber recibido mandato de este y a la vez sin su contradicción y sin obligación legal de intervenir en ellos. Esta gestión deberá dar lugar a un aprovechamiento para el dueño de la gestión o, al menos, ha de ser hecha con intención de evitarle un perjuicio inminente y manifiesto.

Difiere del mandato en que éste, como se ha comentado y como contrato que es, requiere acuerdo de voluntades, expreso o tácito; mientras que, en la gestión de negocio, configurada legalmente como un cuasicontrato, no existe tal acuerdo y el gestor procede con espontanea iniciativa. Si el dueño del negocio ratificase la gestión, se producirían los efectos del mandato expreso. Por ejemplo, pensemos el ciudadano que contrata unos servicios de fontanería, al ver salir de la casa vecina agua por los balcones, a efectos de evitarle al vecino los daños consiguientes.

La gestión de negocios ajenos hace nacer obligaciones para las partes, sin que esto de a la operación carácter sinalagmático o bilateral, al no existir vinculo entre ellas.

Es lógico que, al interferirse el gestor en asuntos ajenos, asuma obligaciones inmediatamente por el solo hecho de su intervención, y así está obligado: a continuar su gestión hasta el término del asunto y sus incidencias y a requerir al interesado para que le sustituya, si se hallar en poder de hacerlo por si: a rendir cuentas al dueño del negocio, a indemnizarle los perjuicios que por su culpa se le irroguen.

Fuente: Derecho civil y patrimonial. Carlos Lasarte

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