La renuncia de derechos y los límites de su ejercicio

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ADQUISICION Y EXTINCION DE LOS DERECHOS SUBJETIVOS. LA RENUNCIA DE DERECHOS

El estudio de las modalidades y condiciones para adquirir los derechos debe remitirse al tratamiento de los diferentes derechos, o categorías de derechos, baste aquí señalar la distinción básica que suele hacerse entre adquisición originaria y derivativa de los derechos, según que se adquieran ex Novo o por trasmisión del anterior titular.

Los derechos se pierden por múltiples motivos. Así, los derechos que recaen sobre una cosa se extinguen si perece o desaparece la cosa en cuestión. Los derechos que comportan el poder de exigir una conducta concreta a otra persona, como son los derechos de crédito, se extinguen por su satisfacción y cumplimiento; por eso, cuando el deudor paga la suma debida, se extingue el derecho de crédito.

Un particular modo de extinción contemplado por el Código civil, con carácter general, es la llamada renuncia de derechos.

Si el derecho subjetivo es un poder que se ostenta para satisfacer los propios intereses, parece razonable que sea posible renunciar a ese poder. Así, el propietario de un bien puede renunciar al mismo, sin que para ello sea preciso que se transmita a otra persona. Diariamente renunciamos a bienes de nuestra propiedad, bien porque ya no obtenemos satisfacción de su utilización, bien por cansancio o por cualquier otro motivo.

Sin embargo, la lectura del artículo 6. 2º del Código civil obliga a matizar esa admisión de la irrenunciabilidad de los derechos, ya que la renuncia de derechos solamente es válida cuando no contrarié el interés o el orden público ni perjudiqué a terceros. Efectivamente, aunque las personas sean los titulares de los derechos que ostentan, sucede que el ordenamiento jurídico configura algunos derechos como irrenunciables. Eso ocurre claramente con los derechos que están al servicio de la propia dignidad humana; una persona, aunque quiera, no puede someterse a esclavitud, estando expresamente prohibida la contratación de servicios de por vida; es decir, no puede renunciarse al derecho a la libertad personal. Tampoco puede renunciarse a la vida (lo que no significa que el suicidio esté legalmente prohibido, ya que no puede estarlo por evidentes razones de sentido común), ni al nombre, etc.

 En otras ocasiones, la renuncia a un derecho propio puede causar perjuicio a terceras personas. Eso pasa si renuncio a los bienes de mi propiedad, deviniendo así insolvente y no pudiendo en consecuencia pagar a mis acreedores, que de este mofo resultan perjudicados.

Por tanto, la renuncia de los derechos, en sí consentida con carácter general, encuentra sus límites en el debido respeto de los derechos de otras personas y en el interés y el orden públicos.

 

EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS Y SUS LIMITES

Ejercitar un derecho es hacer uso del poder que comporta. El derecho de propiedad se ejercita al decidir el destino que se da a la cosa propia, su explotación, su cesión a otro sujeto… los derechos de crédito se ejercitan cobrando lo que el deudor debe.

Ahora bien, no es preciso que sea el propio titular quien ejercite sus derechos subjetivos. Cabe por el contrario que los derechos de una persona sean ejercitados materialmente por otra. Esto ocurre, necesariamente, cuando el titular es incapaz de ejercitar sus derechos, por ejemplo, por no haber alcanzado la edad precisa para hacerlo. Cuando tal sucede, el ordenamiento jurídico establece que los derechos del incapaz sean ejercitados, en interés del incapaz, por sus representantes legales. También puede ocurrir que el titular de un derecho encomiende su ejercicio a otra persona, para que actué en interés del titular. En estas hipótesis se ejercitan los derechos por mediación de un representante.

Ejercitar los derechos, bien personalmente por el titular, bien por persona interpuesta, persigue procurar satisfacción al interés del titular, que es precisamente lo que justifica el otorgamiento del derecho subjetivo de que se trate. Por ello, el titular de un derecho subjetivo, para satisfacer su interés, puede ejercitar el conjunto de facultades o poderes concretos que forman parte de su derecho (lógicamente solo el poder que tenga, sin excederse). Ahora bien, la satisfacción del propio interés no autoriza a cualquier acto de ejercicio del derecho, son que, por el contrario, existen límites que restringen la posibilidad o las modalidades del ejercicio de los derechos, algunos de los cuales merecen especial atención.

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  • La colisión de derechos

Es conocida la afirmación de que la libertad de los unos llega hasta donde comienza la libertad de los otros. Esa misma regla opera respecto de los derechos subjetivos, con carácter general. Por eso la coexistencia de derechos impone límites al ejercicio de los mismos.

  • La buena fe

Además de actuar dentro de las facultades que su derecho le otorga y de respetar los derechos de los demás, operan otros limites generales a las modalidades de ejercicio de los derechos subjetivos, que impiden al titular ejercitar las facultades que nominalmente posee de manera desorbitada o contraria a la buena fe.

El artículo 7. 1º del Código civil establece que “los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe”. Con eso se quiere indicar que los derechos, y los deberes, que se ostentan deben ejercitarse de conformidad con el modelo de conducta que socialmente es considerado honesto y adecuado; sin que sea permitido realizar actos de ejercicio que, aunque quepan dentro de las facultades teóricas que tenga el titular, se aparten de ese canon de lealtad en las relaciones sociales.

No escasean los casos concretos en los cuales el ordenamiento jurídico expresamente adopta remedios para evitar ese comportamiento desleal, pero en ocasiones el legislador no brinda instrumentos específicos para reprimir comportamientos desleales que, nominalmente, parecen legítimos; en esos casos entrara en juego la cláusula general del articulo 7.1º.

Ejemplo claro de la vigencia del principio de buena fe en el ejercicio de los derechos se encuentra en la regla de que nadie puede ir contra sus propios actos, que impide que un sujeto ejercite sus derechos, dentro de las facultades que posee, de una manera objetivamente incompatible en su comportamiento anterior (no parece razonable que un vecino que tiene un aparato de aire acondicionado impida que otro vecino lo ponga porque, por ejemplo, altera la configuración exterior del edificio).

  • El abuso del derecho

A una idea parecida obedece el otro limite general al ejercicio de los derechos que se recoge en el artículo 7. 2º del Código civil y que suele denominarse el abuso del derecho.

En principio se puede partir de la regla de que el sujeto que obra dentro de sus facultades realiza actos lícitos y justos, incluso cuando con ello provoca o puede revocar lesión o perjuicio a otras personas. Quien ejercita su derecho de propiedad reclamando la entrega de lo que es suyo, priva de la cosa a quien lo posea, lo que no deja de ser un detrimento para el poseedor; pero el propietario puede efectivamente causar esa lesión, porque tiene derecho a ello.

Esta regla, sin embargo, pronto fue objeto de matizaciones, hasta llegarse a la consagración de la doctrina del abuso del derecho, que recoge nuestro Código civil, y que significa que si se producen actos de ejercicio de un derecho que sobrepasan los límites socialmente considerados normales entonces ha de cesarse en la realización de los actos abusivos. Si el comportamiento abusivo genera daños a terceras personas, también nace lao obligación de reparar los daños causados a cargo del sujeto que ejercitó abusivamente su derecho.

También cabe reprimir el ejercicio, en principio legítimo, de un derecho, cuando con el mismo, sobrepasándose sus límites normales, se produce un resultado antisocial, como señala el propio articulo 7.2º. de esta manera se introduce un elemento de corrección al egoísmo que subyace en la propia noción de derecho subjetivo, en la medida en que se establece un límite al ejercicio de los derechos que no toma en consideración las exigencias de la solidaridad social. Quizás un ejemplo de esa limitación por ejercicio antisocial de los derechos se pueda extraer de la llamada función social de la propiedad.

Fuente: Derecho civil y patrimonial. Carlos Lasarte. UNED

LOS DERECHOS SUBJETIVOS
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