Legitimación del representante; ratificación de la falsa actuación representativa

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EL PODER O LA LEGITIMACION DEL REPRESENTANTE

Para que una persona pueda presentarse legítimamente ante la comunidad como representante d aorta, es evidente que ha de estar facultada, legal o convencionalmente, para ello. El representante ha de tener un poder para actuar en cuanto tal.

El apoderamiento al representante constituye el punto de partida de su actuación en nombre ajeno o del representado, y delimita y concreta sus facultades, cuya que obviamente será el acto unilateral del representado de otorgamiento del poder el que exprese hasta donde llegue dicho poder.

El representado (también podemos llamarlo, en el caso de representación voluntaria, poderdante) puede querer que el apoderado o representante gestione o un asunto concreto, y en tal caso, se dice que le otorgara un poder especial.

Por el contrario, se hablara de poder general cuando el principal autorice al representante para gestionar una serie múltiple de asuntos del poderdante o incluso todos los asuntos y negocios del representado, pese a que esta última hipótesis sea más teórica que real incluso en la representación legal; en la que como es lógico el representado, incapaz o cuasi incapaz, no apodera al representante, sino que este asume su papel por darse el supuesto de hecho legalmente previsto, y en su caso, la preceptiva intervención judicial.

 

LA RATIFICACION DE LA FALSA O INADECUADA ACTUACION REPRESENTATIVA

El representado, advertido o no por por el representante, cuando el tercero le inste a ejecutar lo pactado con el falso representante adoptara la iniciativa de:

1.       Alegar la existencia de un supuesto de falsas procurador y desentenderse de forma total y absoluta del tema; o

2.       Asumir personalmente la falsa o inadecuada actuación representativa y considerarse vinculado con el tercero, mediante una declaración propia de voluntad que se conoce con el nombre de ratificación.

 

·         Carácter y consecuencias de la ratificación

Dicha aceptación ex post facto de la actuación del representante viene a suponer, pues, un apoderamiento a posteriori que, no obstante, tiene eficacia retroactiva y sana el defecto de poder de la actuación del representante, originariamente no apoderado. Por tanto, a efectos prácticos, la fecha del contrato en su caso será la del celebrado por el falsas procuratos y no la de la ratificación.

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Naturalmente, en el supuesto de que la actuación del falsas procurador se vea ratificada, el tercero no tendrá interés alguno en mantener relaciones con el falsas procurador y, por tanto, no se dirigirá contra el representante, aunque inicialmente la actuación de este estuviese viciada por un defecto de poder.

 

·         La inexistencia de ratificación

1.       La actuación contra el sediciente representante. En el supuesto de que el falsas procurador no cuente con la posterior ratificación del representado, al tercero no le quedara otra vía que accionar o actual contra el sedicente representante. En dependencia de los datos concretos de hecho el tercero podrá:

a.       Dirigirse contra la vía penal, ya que la actuación consciente y malévola de arrogarse una representación que no se tiene puede constituir un delito de estada.

b.       No obstante, en la mayor parte de los casos el tercero habrá de limitarse a reclamar en la vía civil el resarcimiento de daños causados por la actuación falsamente representativa. Para ello resulta necesario que el tercero haya pactado con el falsas procuratos de buena fe y de otro lado, con la debida diligencia, pese a lo cual el falsus procuratos lo induce a engaño y lo lleva a negociar.

2.       El resarcimiento de daños: el interés contractual negativo. La concreción del referido resarcimiento de daños se plasma en el denominado interés contractual negativo; esto es, en indemnizar al tercero de los perjuicios patrimoniales sufridos (daño emergente) y de las ganancias o provechos que razonablemente le hubiera comportado la ejecución efectiva de lo pacto (lucro cesante); que, como se ve, en caso de falta de acuerdo entre ambos, será necesario determinar judicialmente, tras la consiguiente reclamación y pleito.

La actuación del falsas procuratos coloca al tercero en una situación poco deseable, ya que el tercero habrá de pechar con todos los riesgos de la operación: desde la localización y búsqueda del falsus procurator haya su propia insolvencia.

Fuente: Derecho civil y patrimonial. Carlos Lasarte

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