Los problemas demográficos de los países desarrollados: la explosión

Los problemas demográficos de los países desarrollados: la explosión

Problema alimenticio. Sobre todo, en las edades más tempranas. Un problema que tiene doble causa: la merma de la capacidad agrícola y el rápido crecimiento demográfico.

No resulta fácil determinar si, a escala global, hay una desproporción entre recursos alimenticios y población o si la hay en un determinado país porque ese temor nunca se ha visto confirmado por los hechos: la producción alimenticia no depende solo de los recursos existentes en tierra y mares, depende muy en especial del estado de la técnica, y las innovaciones técnicas han mostrado, hasta el momento ,que siempre es posible romper el maleficio. Pero se trata, eso si, de poner de manifiesto que en determinadas regiones subdesarrolladas las posibilidades alimenticias actuales no son suficientes para hacer frente a incrementos demográficos cercanos al 3% anual: no olvidemos que, en el conjunto de las regiones subdesarrolladas, los menores de quince años suponen en la actualidad el 36% de la población y que en el e2015, todavía superaran el 30%.

La desnutrición no solamente plantea problemas inmediatos de diversos ordenes, desde el político al moral; plantea un problema constante de desarrollo que encierra a esas sociedades en la trampa de pobreza, porque las capacidades futuras de esas granjas de población joven quedan mermadas por la alimentación inadecuada.
Segundo problema derivado de la demografía pujante: desempleo. Porque la mayoría de las cifras de paro de la mayoría de los países en desarrollo son inconsistentes. Hay que suponer que esas tasas de desempleo, propias de países OCDE sin grandes problemas de paro, no reflejan la realidad. Y las razones son varias: los registros estadísticos no son fiables, el desempleo encubierto es muy elevado, la familia actúa como refugio de amplias capas de desanimados, la inexistencia de la red asistencial emborrona la situación porque impide un cálculo adecuado de los que realmente buscar trabajo. Pero, salvo en determinadas economías asiáticas, de rápido crecimiento, hay que suponer que el paro es mucho más elevado que el que figura en las publicaciones internacionales, porque, de no ser así, las corrientes migratorias se invertirían.

Esos niveles de paro, que son difíciles de calcular, pero se ve, difícilmente pueden solucionarse con crecimientos demográficos del 2-3%. Son además, el caldo de cultivo para que aumente la delincuencia y la inestabilidad política.

Tercer problema: crecimiento de las ciudades. En 1975, solo el 26% de la población de los países en desarrollo habitaba en entornos urbanos; en el 2015, la proporción es del 50%. En 1992 se contaban en el mundo trece ciudades de más diez millones de habitantes: en el año 2010 la cifra es el doble, y casi todas ellas se sitúan en países en desarrollo.

Aunque la urbanización es un fenómeno universal, el rasgo diferenciados, en el caso de la mayor parte de los países en desarrollo, es la velocidad del proceso y, en consecuencia, la amplitud de sus efectos; las infraestructuras urbanas no pueden acoger las oleadas de gentes procedentes de las zonas rurales; los anillos desplazados tienen, por tanto, que vivir en condiciones precarias. La falta de oportunidades de empleo acentúa la precariedad de sus condiciones de vida.

El freno que supone el crecimiento demográfico veloz sobre la capacidad de desarrollo de un país subdesarrollado es el cuarto de los problemas. Con incremento demográfico del 2-3%, el aumento del producto real per cápita requiere tasas de expansión fortísimas, tasas de expansión que, además, se verán obstaculizadas por la insuficiencia del ahorro; un país con demografía desbordada es un país con propensión creciente al consumo, y por tanto, con escaso ahorro. De ahí que la inversión necesite continuamente del ahorro externo. Pero, además, la solución de ese problema requerirá de periodos largos porque el rápido crecimiento de la población mantendrá elevada la propensión marginal al consumo y, consecuentemente, la propensión media. La relación demografía-desarrollo se convierte así en un argumento circular: el crecimiento demográfico hace muy difícil alcanzar ritmos de desarrollo adecuados, y sin ritmos de desarrollo altos resulta difícil rebajar la tasa de expansión demográfica porque no hay estímulos suficientes para reducir el tamaño de las familias.

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