Los problemas demográficos entre los dos mundos: la confrontación

Los problemas demográficos entre los dos mundos: la confrontación

LOS PROBLEMAS DEMOGRAFICOS ENTRE LOS DOS MUNDOS: LA CONFRONTACION


En un mundo altamente comunicado y con dos grupos de países de demográfica radicalmente distinta, los movimientos migratorios tienden a cobrar notable importancia.
Los movimientos migratorios se mantendrán y probablemente se acelerarán en los años venideros porque el potencial emigratorio puede rondar los 80-100 millones de personas, entre refugiados y peticionarios de asilo y los inmigrantes ilegales. Unos problemas que plantean tres incógnitas: ¿Por qué se producen? ¿Cuáles son sus efectos económicos? ¿Qué impacto político y social generan?

Las razones de los movimientos migratorios
Los desplazamientos humanos en busca de mejores condiciones de vida y de horizontes personales han existido siempre. América, en su conjunto, se pobló de emigrantes europeos a lo largo del XVIII hasta el XX; Oceanía es, asimismo, un continente de emigrantes. Esas corrientes migratorias se completaron, además, con los procesos de reunificación familiar; con frecuencia el emigrante necesitado de la red de protección familiar, consigue que, además se su mujer y sus hijos, se reúnan con los parientes más distantes atraídos por el mismo sueño de una vida mejor.

Pero hay una diferencia notable entre ese tipo de movimientos migratorios tradicional y el que caracteriza en los veinte últimos años. En la primera situación, el emigrante solía abandonar un país de empleo escaso para desplazarse a un país de empleo abundante; en el momento actual, el emigrante de un país de empleo escaso para situarse en otros países donde también son escasas las oportunidades de empleo. Las ventajas generalizadas del primer tipo de emigración han desaparecido con el segundo tipo, lo cual significa que el rechazo de la sociedad a la que se emigra aumenta sustancialmente y que su asilimiación se hace mucho más complicada. ¿Por qué entonces no cesan los movimientos? ¿Cuáles son las razones adicionales que los explican?

Diferencia de nivel de vida entre las zonas. Y no porque las economías industrializadas hayan recuperado el dinamismo de los años cincuenta y sesenta, sino porque una parte del mundo en desarrollo contiene bolsas muy amplias de pobreza. para los nacionales de gran parte de los países de esas regiones, la atracción del mundo industrializado es, en los momentos actuales, inmensa, porque no solo frece oportunidades de encontrar trabajo, sino porque todos los países desarrollados cuentan con unos servicios asistencias muy superiores a los de sus países de origen, que merma sus temores ante la enfermedad o el desamparo.
Cercanía del mundo industrializado. La televisión ha acercado los dos mundos, mostrando la cara de cada uno de ellos al otro. Pero además de esa cercanía de imagen, la proximidad física también es mayor porque el transporte, especialmente el aéreo, se ha abarato a consecuencia de la desregulación y de la mayor competencia.

Distintos ritmos demográficos
La aparición de un vacío demográfico en la mayor parte del mundo desarrollado, hace que el habitante de zonas de demografía desbordada perciba que es posible emigrar a países donde la presión humana es mucho menor y donde, por tanto, las oportunidades de empleo han de ser mayores. Entre otras causas porque, según su información. El ciudadano de país rico rechaza ciertos trabajos.

Mano de obra barata
Pero no todos los estímulos juegan en la dirección de salida, también los hay en la de entrada. El trabajador inmigrante es menos costoso que el nativo y, además, carece, en principio, de protección sindical; si, por añadidura, se trata de un inmigrante ilegal, su coste es aun menor.

Estas son las razones fundamentales que explican por que las corrientes migratorias no cesan, antes bien se dilatan, en un mundo en el que las oportunidades de empleo son escasas.

• Los efectos económicos de la emigración
Los efectos económicos de la emigración difieren de unos a otros países y de una zona a otra: las características, personales y profesionales, del emigrante, la situación de los mercados de trabajo y las singularidades de los sistemas de seguridad social harán que los efectos varíen sustancialmente. Pero, sin embargo, hay algunos aspectos comunes que conviene reseñar.

Efectos positivos sobre las economías perceptoras.
Parte de los emigrantes llevara consigo unos conocimientos cuyo coste ha sido nulo para el país de acogida. La movilidad geográfica y funcional de los mercados de trabajo se acrecentará porque el emigrante está más dispuesto que el nativo a cambiar de lugar de trabajo y de tipo de actividad. En consecuencia, la asignación de recursos laborales mejorara. También el emigrante está dispuesto a aceptar salarios menores que los vigentes en las distintas ramas productivas, lo que reducirá los costes de producción y mejorará la capacidad de competencia de las empresas. En algunos mercados laborales, donde se aprecian estrangulamientos por falta de mano de obra experimentada, el emigrante puede eliminar los cuellos de botella y facilitar la expansión de las empresas correspondientes.
Puesto que los países desarrollados muestran tasas de crecimiento demográfico muy bajos y esperanzas de vida crecientes, la inmigración puede constituir una solución para evitar que las tasas de dependencia se acentúen y el equilibrio de las cuentas públicas se deteriore.

Efectos negativos sobre las económicas perceptoras.
En economías con tasas elevadas de desempleo, casi todas las OCDE, el inmigrante termina por desplazar al nativo porque su coste es menor. Ese desplazamiento no se efectuará de la misma forma en todos los mercados porque su regulación difiere de uno a otros países; pero terminara por hacerse sentir, sobre todo en aquellos trabajos que requieren escasas o nulas cualificaciones.
En sistema de seguridad social deficitarios, también casi todos los OCDE, la inmigración puede agravar el problema de financiación. Si el inmigrante se queda sin empleo se convertirá en un receptor más del seguro de desempleo. Claro que los resultados últimos pueden llegar a ser positivos; el que cuenta con trabajo estable es un cotizante más a la seguridad social y actúa, en sentido positivo, sobre la relaciones cotizantes-perceptores; es posible que el inmigrante reduzca el bienestar del nativo al recortar el nivel de salario, pero, sin su aportación a la seguridad social, ese bienestar terminaría por quedar recortado al aumentar las cotizaciones o los impuestos que financian las prestaciones sociales.

• Los efectos políticos de la emigración
Al considerar el impacto político de la emigración, es necesario efectuar una salvedad; los efectos que se analizan derivan de corrientes masivas de emigración, compuestas por elevadas proporciones de inmigrantes ilegales y de personas sin cualificación ni recursos económicos. Ningún país pone reparos a la inmigración de profesionales de alta cualificación o de personas con amplios recursos financieros; antes bien, estimulan esas corrientes que, por otra parte, suelen ser movimientos de goteo.

La emigración a la que hacemos referencia produce un choque cultural. Ese choque será menor cuanto más próximas se encuentran las culturas y mayor cuanto más alegadas. El choque cultural producirá en el emigrante dos posibles reacciones; un deseo de asimilarse cuanto antes a la cultura receptora o bien un sentimiento de segregación. La segunda, multiplicará los problemas políticos porque los emigrantes reclamaran servicios públicos diferencias y, con el tiempo, trataran de crear uno o varios partidos políticos que recojan sus aspiraciones. El efecto ideal, de riqueza trasvasada, que se espera de la mezcla de culturas, se produce solo en muy contadas ocasiones, y prueba de ello es que, en EE, el crisol cultural por definición, se puede observar la permanencia de cultura que no se integran y que apenas se influyen. Todo lo cual producirá en las poblaciones autóctonas, una sensación de pérdida de identidad que será fuente inacabable de tensiones políticas.
Muchos de los trabajadores sin cualificar, y muchos de ellos de lengua y raza distintas de la del país receptor, estos, ante la necesidad de protegerse, les llevara a vivir en barrios determinados, y sus ínfimas condiciones económicas harán que esos barrios sean islotes de pobreza, habitados por gentes con costumbres muy distintas a las de los naturales del país y con idioma diferentes. El resultado es la aparición de grupos sociales, que propiciaran una mayor sensación de inseguridad uy pérdida de identidad por parte de la población autóctona y un rechazo social. No olvidemos que el racismo, y las múltiples reacciones fascistas, encuentras su más amplia base social en los grupos en los que s produce cierta cercanía física o laboral.

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Avanzamos, probablemente, hacia sociedades multirraciales y multiculturales, porque la diferencias de niveles de vida y de ritmos demográficos las irán configurando, pero, por el momento ,las sociedades occidentales no las aceptan y lo que se producirá es limitar la inmigración por diferentes medios; por el sistema de cuotas, por la criba de los flujos para seleccionar a los que se acomoden mejor a las necesidades del país, por el mecanismo de visados, con límite de estancia en el país o por una suma de restricciones de ámbito plurinacional. Unos medios que dificultan la emigración pero que no la frenan y que, en EEUU y UE hacen aumentar la proporción de inmigrantes ilegales.

• La emigración como factor de desintegración
Por el momento y, durante los años venideros, la emigración intensificará las tensiones de la economía mundial y producirá enfrentamientos entre las dos regiones, la subdesarrollada y la desarrollada, porque la valoración de esas corrientes difiere sustancialmente de una región a otra.

Para los gobernantes de los países en desarrollo, la emigración es una válvula de escape que atenúa sus problemas internos, dado que reduce la tasa de paro y genera ingresos por transferencias que refuerzan sus cuentas exteriores. Es posible que la emigración de cerebros preocupe a algunos gobernantes, por cuanto tiene de freno a su despegue económico, pero, en general, la emigración resulta beneficiosa y es plenamente aceptada.

Para los gobernantes de los países receptores, la emigración constituye una fuente permanente de problemas, tanto externos como internos; externos porque las barreras que impondrá no serán bien recibidas en los países de emigración, y porque deberá hacer frente a la corriente inacabable de inmigración ilegal; internos porque desencadenaran, en las actuales condiciones, todo tipo de problemas y tensiones, algunas de ellas conducentes a actos de violencia extrema.

Para las sociedades de los países de acogida, por lo menos para segmentos amplios de las mismas, la inmigración supone varias amenazas; al trabajo de los naturales del país, a la identidad étnica uy cultural y a la seguridad. Amenas que, además, se verán potenciadas por que, por lo general, el inmigrante trae consigo su código demográfico de origen y el mayor tamaño de su familia conferirá a su presencia los rasgos de la invasión.

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