Distribución equitativa de la renta I

Distribución equitativa de la renta I

Principales criterios distributivos

Para analizar los principales criterios distributivos, considérese como punto de partida una sociedad integrada por dos sujetos, los individuos 1 y 2, así como la línea de frontera máxima de utilidad, que refleja la máxima utilidad que puede obtener uno de los sujetos en un mercado perfecto, una vez fijada la del otro. A la vista de esta figura, el mercado permitiría alcanzar cualquier punto dentro de la línea de frontera máxima de utilidad.

En principio, la distribución del bienestar en una sociedad dependerá de cuál sea la distribución inicial de la renta y la riqueza. Cuestión totalmente distinta es, sin embargo, que la distribución del bienestar determinada por el mercado sea o no satisfactoria o equitativa desde una óptica social.

En rigor, no existe ningún criterio inequívoco que permita resolver si la distribución del bienestar es o no equitativa. A diferencia de lo que sucede con el objetivo de la asignación optima de los recursos, que entraña juicios de valor de mínimos, aceptados ampliamente por el grueso de la sociedad, el problema de la distribución no suscita juicios de valor consensuados con generalidad. Esta circunstancia impone la tarea preliminar de buscar un criterio que permita saber cuál de entre todas las posibles distribuciones del bienestar es la prefería.

Entre los criterios que pueden utilizarse con tal finalidad, los más conocidos pueden agruparse en tres bloques distintos:

Criterio estricto de mercado

Como su propio nombre indica, identifica como mejor distribución del bienestar la determinada por el mercado. Esta posición estaría exenta de problemas, por cuanto solo habría que evitar las rigideces del mercado (las situaciones de monopolio, por ejemplo) y dotar de flexibilidad a la economía.

La distribución de la renta derivada del mercado dependerá, por lógica, de dos elementos bien definidos:

·         La dotación de factores productivos de los individuos, fundamentalmente de los factores trabajo y capital. Respecto al trabajo, la renta por él obtenida estará en función de la capacidad que posea el trabajador tanto como de su deseo de trabajar. Y en cuanto al capital, dependerá de los ingresos que el sujeto haya recibido por la vía de la herencia o del matrimonio, así como del ahorro que haya realizado a lo largo de su vida activa.

·         El precio que el mercado asigne a esos factores, que será fruto tanto de su productividad como de las condiciones de funcionamiento del mercado (mayor o menor perfección).

Criterios del mínimo vital

Un segundo grupo de criterios distributivos es el que acepta el resultado obtenido en el mercado, si bien bajo condiciones específicas que difieren según se opte por una de dos variantes:

·         El criterio del mínimo vital, de tal forma que se acepta la distribución de la renta determinada por el mercado, siempre que se garantice que todos los miembros de la sociedad obtendrán una renta que les permitirá cubrir sus necesidades mínimas.

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·         El criterio del mínimo vital, pero aceptando solo la distribución de la renta del trabajo determinada por el mercado. Este criterio no se aplicaría, por tanto, a las rentas del capital, que serían objeto de redistribución.

Criterios basados en la función de bienestar social

Adicionalmente, y en vista de que la distribución obtenida por el mercado no es siempre satisfactoria, se ha tratado de definir un tercer grupo de criterios distributivos, como son los basados en la denominada función de bienestar social. Esta función, que se articuló en torno al supuesto de que el bienestar social depende de la utilidad de cada uno de los sujetos que componen la sociedad.

 

En paralelo, la literatura económica disponible se ha preocupado de formular distintas hipótesis respecto a la función de bienestar social, con el fin de dotarla de mayor operatividad. Formulaciones diversas que proporcionan a dicha función de utilidad una forma distinta según cuales sean las hipótesis que se consideren (y que reflejaría los juicios de valor subyacentes). Estas hipótesis se han clasificado en:

Criterio de igualdad de la renta

Atribuido a los pensadores neoclásicos, el criterio de la igualdad de la renta se articuló en torno a cuatro supuestos simplificadores:

1.       La función de bienestar social se supone una función aditiva. Es decir, el bienestar de la sociedad equivale a la suma de las utilidades individuales, de manera que, si aumenta la utilidad de un individuo, permaneciendo constantes las del resto, aumentara el bienestar social.

2.       La utilidad de cada sujeto depende de su renta, y las funciones de utilidad de todos los sujetos son iguales, de modo que lo que diferencia a un individuo de otro es su nivel de renta. La función que expresa la relación entre la utilidad personal del sujeto y la renta de que disfruta es, por tanto, la misma en todos los individuos.

3.       La utilidad margina de la renta para cada sujeto (el aumento de utilidad que experimenta al aumentar su renta en una unidad) es decreciente. La utilidad marginal para cada nivel de renta, viene dada por la distancia vertical entre la curva de utilidad margina y el eje de abscisas.

4.       La cantidad total de la renta disponible es fija.

Estas cuatro hipótesis, unidas a la suposición relativa a la propia existencia de la función de bienestar social, han constituido los pilares sobre los que se ha construido este criterio distributivo de igualdad de la renta.