Siglo XIX: política, demografía y capital humano

Siglo XIX: política, demografía y capital humano

1. El legado del Antiguo Régimen

El periodo comprendido entre el inicio de la guerra de la independencia americana y la derrota del ejército colonial (1776-1824) fue un período turbulento y decisivo para ambas naciones. Los efectos de la Revolución política Francesa y la Revolución Industrial se fueron asimilando de 1815 a 1914, que puede considerarse una centuria pacífica para Europa. En esta época España perdió un imperio sin poder asimilar los requisitos necesarios para lograr el progreso económico y político.

La alianza con Francia para apoyar la rebelión de las colonias norteamericanas contra la metrópoli inglesa hizo aumentarlos gastos militares y pérdidas comerciales españolas, desequilibrando las finanzas del gobierno iniciando un endeudamiento interior y exterior que afectó a sus posibilidades de desarrollo en el XIX. Para contrarrestar este alto endeudamiento se introdujeron una serie de innovaciones financieras, aunque insuficientes: la fundación del Banco de San Carlos en 1782 y la emisión de vales reales como deuda pública.

El peso de la deuda fue creciendo mientras los conflictos armados se sucedían, y esto determinó la política económica; con lo que llevó al gobierno español a vender activos (tierras, minas), otorgar concesiones a cambio de créditos (monopolios y privilegios bancarios) y aumento de la presión fiscal.

En la agricultura eran más obvias las rigideces institucionales con unos efectos más extendidos y penosos. La evolución de los precios agrarios de los cereales y del resto (generales) muestran estabilidad hasta la mitad de del siglo XVIII y un aumento progresivo durante la segunda mitad.

La evolución de los precios agrarios relativos con relación a los no agrícolas nos muestra una idea aproximada de las relaciones de intercambio entre la agricultura y el resto de la economía. El aumento de los precios agrarios fueron seguidos por el resto de mercancías.

Esto nos lleva a concluir que durante el la primera mitad de siglo el aumento de demanda de alimentos debido al crecimiento demográfico se correspondieron con los aumentos de producción con lo que no afectó a la tendencia general de los precios (P1 y D1). Durante la segunda mitad, a causa de las rigideces de la oferta, el crecimiento de la demanda no encontró su respuesta en un aumento correlativo de la producción sino en alzas de precio (P2, P3 y D2, D3).

Dentro de los precios de los alimentos, fueron los cereales que primero aumentaros y tiraron del índice agrícola general durante todo el siglo debido a ser estos la base de la dieta con lo que la demanda como la oferta eran inelásticas.

Las rigideces de la función de oferta de producción agrícola eran debidas al estancamiento tecnológico y a la escasa tierra cultivable.

Algunas consecuencias de los aumentos de precios en la segunda mitad del XVIII dieron lugar a desórdenes y motines como el Motín de Esquilache (1766) y proyectos de reforma propiciados por dichos disturbios en especial durante el reinado de Carlos III (1759-17888).

La reformas propuestas por los pensadores ilustrados del periodo fueron la reforma agraria (desamortización) expropiando tierras a mayorazgos, a la iglesia y a municipios vendiéndolas a particulares permitiendo su explotación y la abolición de los privilegios de organizaciones de ganaderos agrupados en el Honrado Consejo de la Mesta con lo que se liberaría muchas tierras destinadas a pastos y cañadas y se destinaría al cultivo.

El efecto de estas reformas era ampliar el área de tierra cultivable y estimular el progreso técnico.

La ruptura de estos nudos institucionales del Antiguo Régimen permitió la modesta expansión agrícola del XIX y por tanto el limitado crecimiento demográfico y económico.

 

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2.   Atraso económico y frustración política

El siglo XIX empieza con esperanzas malogradas y graves fracasos ya que la sociedad del Antiguo Régimen es incapaz de reformarse a si misma y la alternativa liberal también fracasa. Las esperanzas concebidas bajo Carlos III dan lugar a las decepciones y los escándalos de Carlos IV, y el reformismo palaciego de Manuel Godoy acaba conduciendo al motín de Aranjuez. La guerra contra el invasor francés pone de manifiesto el derrumbamiento del Antiguo Régimen, la desintegración territorial y la resurrección de los reinos de taifas.

Mientras en España se imponía la acción sin ideas, en las Cortes de Cádiz triunfaban las ideas sin acción. Los programas gaditanos pretenden hacer de Fernando VII el primer monarca constitucional español y hacer del Impero colonial una federación transatlántica. Estos proyectos fueron negados por los propios actores, con lo que el liberalismo español parecía haber acabado en 1824, pero a la muerte de Fernando VII en 1833 el partido liberal gobernó hasta 1923. Bajo la regente María Cristina de Nápoles y su hija la reina Isabel II las diferencias entre las dos alas del partido liberal (la progresista y la moderada) se consolidan y se conviertes en dos partidos separados.

La manipulación sistemática de las elecciones favorecida por el sistema de sufragio censitario y el poder social de las élites en los municipios rurales (caciques) favorecen de manera legal pero ilegítima al partido moderado favorecido por la Corona a perpetuarse en el poder. Todo esto hace que el acceso al poder del partido opositor solamente sea posible por la fuerza (por pronunciamiento o golpe militar).

Los pronunciamientos más destacados fueron el de Fernando VII en 1814 con el apoyo del general Elío contra el gobierno de las Cortes liberales, el del Comandante Rafael de Riego en 1820 contra el sistema absolutista de Fernando VII y el del General Martínez Campos en 1874, realizado en Sagunto y que dio paso a una aparente estabilidad política durante la Restauración.

Ante el apoyo incondicional de la Corona a los moderados, los progresistas solo gobiernan durante lapsos limitados que se inician y acaban con pronunciamientos opuestos: 1835-1837; Mendizábal, 1840-1843; la Regencia de espartero, 1854-1856; el Bienio Progresista. La Gloriosa Revolución de septiembre de 1868 fue la apoteosis del pronunciamiento progresista dando lugar a un período de febril actividad reformista enturbiada por las discordias entre gobernantes y opositores. La mayor parte de las mejoras sociales del XIX se implantaron durante los progresistas y se consolidaron durante los moderados. Con el Sexenio Revolucionario se cerraba la época de los pronunciamientos y se iniciaba la Restauración.

El éxito de la Restauración es porque Antonio Cánovas del castillo estableció el predominio del poder civil imponiendo el turno pacífico de los partidos (liberal y conservador). Esto se logró no por elecciones sino por medio de la escrupulosa neutralidad de la Corona. Ambos partidos acordaron renunciar a todo intento de excluir permanentemente al contrario del poder consolidando el monopolio del viejo liberalismo. Los militares volvieron a sus cuarteles por el momento.

El siglo XIX concluyó como empezó: con la frustración de la reforma política. Ambos partidos liberales (conservadores y progresistas) representaban la mayoría de la opinión política, pero los avances económicos y sociales favorecieron la aparición de nuevos grupos que ya no se sentían representados por los partidos alternantes:  republicanos, socialistas, anarquistas, regionalistas…..

La pugna por arrebatar el poder a los viejos partidos constituyó el drama político de principios del siglo XX y fue la causa de la frustración política del final del siglo XIX. La incomprensión e inflexibilidad de los viejos partidos ante el problema colonial los conduce al desastre de 1898 que resalta y agudiza el agotamiento de la vieja política distanciándola de la sociedad y marcando el fin del equilibrio de la restauración.

Al variar muy poco la economía, varía muy poco la estructura social. La ocupación de la agricultura durante todo el siglo se mantiene igual (dos tercios de la población). La población agraria, analfabeta e ignorante constituye un pobre soporte para una vida policía consecuente, responsable y progresista: suele ser hostil a las sutilezas de la política moderna, es manipulada por las élites locales según las situaciones electorales y es manipulada por grupos violentos en ocasiones de pronunciamiento o guerra civil. Por tanto, la política cotidiana se ve reducida a forcejeos entre las instituciones de más peso (Corona, Iglesia, Ejército y partidos políticos) y la gran masa permanece ajena y en varias ocasiones abierta y violentamente opuesta al sistema político liberal.

Durante la Restauración comienza el cambio económico, en una cierta escala, variando el panorama político cuya solución se ve dificultada por el peso de la tradición y del anquilosamiento del marco institucional.

El sistema liberal también se impone con dificultad en el resto de Europa, aunque en algunos países como Inglaterra y Francia lo hace con mucha antelación a otros países como Italia, Portugal y España, que muestran su fragilidad durante el s XX con las dictaduras de Mussolini, Salazar y Franco.

 

3.   La población: las causas del estancamiento

La población española creció a ritmo lento en el XIX. En general existe una correspondencia entre crecimiento poblacional y modernización económica. Los países en los que la población se dobló o más son aquellos cuya economía se industrializa.

En España el moderado crecimiento demográfico se debió a una alta tasa de mortalidad que se mantuvo muy por encima de las de la Europa occidental. Las consecuencias de la alta mortalidad está el que la esperanza media de vida fuera corta y aumentara poco (debajo de los 30 años a mediados siglo y apenas los 35 en 1900).

La alta mortalidad estaba provocada por malas condiciones sanitarias, baja productividad agrícola, escasez de vivienda, red de transportes insuficiente y cara e ignorancia generalizada: en lo relativo a causas y mecanismo de transmisión de enfermedades. La acción de estos agentes generales desencadenaba periódicamente los frenos malthusianos: hambre, epidemias y enfermedades. (el malthusianismo establece que existen ciertos obstáculos represivos que frena el crecimiento de la población para impedir la pauperización gradual en incluso la extinción de la especie)

Las crisis de subsistencia especialmente conocidas tuvieron lugar en los años 1847, 1857 y 1867-1868 principalmente por dos causas: Causas inmediatas o coyunturales debido a las fluctuaciones climáticas (un año de lluvias excesivas o heladas tardías; varios de sequía; trayendo bajas cosechas) y causas permanentes o estructurales que hacían que el sistema agrario fuera más vulnerable a las fluctuaciones climáticas: organización social y nivel de desarrollo económico (agricultura técnicamente atrasada y rendimientos muy bajos, sistema de transporte lento y por tanto redistribución entre regiones deficitarias y excedentarias)

La segunda gran causa era la incidencia de epidemias. las escaseces dejaban una población más débil aumentando su susceptibilidad a la infección. La falta de higiene, la pobreza y la ignorancia estaban relacionadas con algunos tipos de epidemias tradicionales: la fiebre amarilla y el cólera fueron las más incidentes en la población (La transmisión del cólera estaba relacionada con crisis políticas o maniobras militares como el inicio de la guerra carlista (1833) y el pronunciamiento de O’Donnell (la Vicalvarada 1854) que debido a los movimientos de tropas facilitaron el contagio y al ser en tiempos de hambruna era difícil mantener las medidas higiénicas y de cuarentena.)

Debido a su difícil diagnóstico se presume que fueron más incidentes tuberculosis, viruela, tifus, … Su mortalidad se agravaba con el subdesarrollo económico y la escasez y mala calidad de los servicios médicos. La vacunación antivariólica que había sido emprendida en los primeros años del siglo cayó en desuso inmediatamente en los años de la guerra de independencia. En 1902 dicha vacunación se hizo obligatoria con un descenso de la mortalidad infantil.

La combinación de los tres factores (hambres, epidemias y enfermedades) hace una alta mortalidad hasta bien entrado finales del siglo XIX. Hasta pasada la última gran epidemia de cólera (1885) no comienza un descenso claro y sostenido de la tasa de mortalidad.

La tasa de mortalidad de España hacia 1900 es del 29 por mil, por encima del resto de países excepto Rusia; aunque la natalidad está entre las más altas con un 34 por mil la diferencia entre natalidad y mortalidad es la más baja a excepción de Francia e Irlanda lo que nos revela lo retrasado de nuestra transición demográfica.

La moderación de la natalidad es el resultado de un proceso de reducción del número de hijos nacidos por matrimonio debido a una extensión del control de natalidad desde mediados del Siglo XVIII.

 

4.Matrimonio y estacionalidad.

Los patrones matrimoniales de Europa presentar características excepcionales en el mundo contemporáneo, y se caracterizan por:

  • Tasa de celibato muy alta
  • Edad de matrimonio más tardía que en otros continentes.

Esto implica que la tasa de crecimiento demográfico sea relativamente baja y que dependa de las condiciones económicas.

España siguió los patrones matrimoniales de Europa hasta finales del S. XVIII.

A partir del siglo XIX las tendencias de ambas variables difirieron:

  • Disminuye el porcentaje de solteros: el fin del Antiguo Régimen supuso la abolición del mayorazgo, por el cual el primogénito era el heredero y el segundo hermano se veía forzado a convertirse en clérigo o monje para no quedar desahuciado, por lo que permanecía soltero. Hay que tener en cuenta de que la tasa de celibato es más alta en las ciudades que en los núcleos rurales. El mayor ritmo de urbanización del S.XX hace aumentar tasa de celibato durante este periodo.
  • Aumenta la edad en contraer matrimonio: por un lado la prosperidad hace disminuir la edad en contraer matrimonio, pero la posibilidad de poderse hacer propietario de tierras gracias a la desamortización, provocó el efecto contrario, es decir, los jóvenes esperaban a ser propietarios para contraer matrimonio.

N.Sánchez-Albornoz (1975a) ha detectado otro importante signo de modernización en la población española del S.XIX: en las poblaciones campesinas tradicionales, el ciclo vital anual se ajusta a un calendario estacional bastante rígido: se casan en la primavera, dan a luz en invierno debido al cálculo racional para evitar nacimientos en los peligrosos meses cálidos, mueren de afecciones intestinales en verano y de enfermedades pulmonares en invierno, etc. Este ciclo se cumplió en España hasta bien entrada la segunda mitad del S: XIX, lo cual es una clara señal de modernización, ya que las mejoras higiénicas, por ejemplo, hicieron posible que dar a luz en temporada veraniega no supusiera un riesgo de muerte para la madre y el bebé. LA urbanización y la industrialización ayudaron mucho a esta  “desestacionalización”, que no se impuso claramente en España hasta bien entrado el S XX.

 

  1. Migraciones, regiones y ciudades.

Migraciones.

Durante la primera mitad del siglo XIX España tuvo un débil saldo migratorio debido a que los resabios de la antigua mentalidad mercantilista y poblacionista del despotismo erigen barreras legales a la emigración. Durante la segunda mitad del siglo se pasa a una legislación con menos trabas legales influida por la evidencia de que la correlación entre densidad de población y prosperidad económica es más bien negativa y por la actitud favorable al establecimiento de extranjeros por parte de las repúblicas hispanoamericanas.

Entre 1830 y 1880 hay una respetable emigración hacia Argelia y se da el comienzo de la emigración a ultramar Es difícil conocer las cifras anteriores pero sí que se tiene claro que la emigración entre 1882 y 1899 ascendió a un millón de personas con una media anual de 61.000. Los primeros trece años del XX asciende a dos millones de personas con una media anual de 149.000. Con la Gran Guerra la migración cayó un poco pero en total la media anual asciende a 141.000 personas.

El gran flujo migratorio tuvo lugar en el XX y que lo del XIX fue su prólogo.

Un factor importante en el cambio de ritmo de la emigración española de un siglo a otro es el proteccionismo agrario, ya que uno de los grandes factores de la emigración fue la crisis agraria, aunque el proteccionismo aminoró este efecto. La corriente emigratoria de los años 1885-1889 se interrumpe en la siguiente década coincidiendo con el arancel Cánovas de 1891, fuertemente proteccionista con la agricultura.

La depreciación de la peseta durante los años 90 actuaba como refuerzo al arancel encareciendo aún más el valor de las importaciones teniendo más efecto sobre la emigración que el propio arancel. La corriente emigratoria vuelve a crecer a partir de 1903 por la apreciación de la peseta por efecto de la estabilización de Villaverde.

 

La distribución geográfica.

La distribución de la población continuó un proceso iniciado durante la edad media: la población española se desplazó de norte a sur y tendió a concentrarse en la costa mediterránea y en la atlántica meridional al ser la tierra más fértil y las comunicaciones más fáciles.

Paralelamente estos movimientos de gradual modernización, real pero lentísima tiene lugar el otro movimiento migratorio, del campo a la ciudad. Que comenzó en el XIX y llegó al desarrollo pleno de la urbanización en el XX. Al finalizar el XIX España tenía solo dos ciudades (Madrid y Barcelona) de unos 500.000 habitantes, aunque por encima de esa cifra en Europa había unas 25 ciudades (7 superaban el millón). El comportamiento demográfico de los habitantes de las ciudades difiere de los del campo. Como en otros países, los ciudadanos exhiben menor mortalidad, menor nupcialidad y menor fertilidad, signos todos ellos de modernidad. El peso medio urbano en España permanece tan pequeño que la transición demográfica se aplaza hasta el XX, a excepción de Cataluña.

En 1900 la mayoría de la población española seguía siendo rural. El 51% vivía en poblaciones de menos de 5.000 habitantes y el 91% por 100 por debajo de los 100.000 habitantes. Excepto Madrid, casi todas las ciudades importantes estaban en la periferia.

Excepcionalmente, Cataluña tenía un modelo demográfico en el XIX parecido al de las naciones adelantadas siendo un crecimiento muy considerable desde el XVIII aunque decae en la segunda mitad del XIX. Este crecimiento vendría explicado por la aumento de natalidad y al incremento en la fecundidad matrimonial, aun habiendo una alta mortalidad. Todo esto motivado por las transformaciones económicas debido al crecimiento industrial y comercial ya en la segunda mitad del XVIII.  La transformación estructural del mundo rural catalán con la oportunidad de trabajar como asalariados en la agricultura comercial o la industria rural hizo disminuir la importancia de acceder a la propiedad de la tierra por medio del matrimonio y permitió que aumentara los casamientos y además a una edad más temprana.

Mientras en España el estancamiento económico produjo la persistencia de la demografía tradicional en Cataluña el cambio económico estimuló la transición demográfica. La estructura ocupacional catalana mostraría adelantamiento respeto a España. La proporción de población agrícola descendió desde mediados del XIX dirigiéndose a la Industria y el Comercio creciendo más rápido. Los catalanes llegaron a representar el 23,6% de los comerciantes españoles, el 22,5% de mano de obra industrial llegando a ser del 71% en textil, 38% en cuero, 38% en madera y 28% en química.

 

  1. Capital humano.

La escuela del “Capital humano” contempla la educación como una inversión que hace una nación, sociedad, familia o individuo para mejorar su futura capacidad de producir o sus ganancias, y por tanto su bienestar.

La tecnología o conjunto de técnicas de producción para el desarrollo económico es de importancia fundamental para el desarrollo económico. Ésta incluye dos factores: la innovación técnica (cambio en el sistema productivo que aumenta la productividad de los factores) y la difusión tecnológica (capacidad de las poblaciones y las sociedades para adoptar las innovaciones tecnológicas). Schumpeter supuso la que disfusión tecnológica ocurriría de forma casi automática: la competencia haría que en un plazo más bien corto los empresarios adoptarían la última y mejor tecnología. Los historiadores económicos han comprobado que esto no ocurre así por dos causas principalmente: las dependientes de la dotación de factores y los dependientes del marco institucional. Entre estos últimos ocupa un lugar destacadísimo la educación, ya que ésta estimula la innovación tanto en su aspecto inventivo como en el aspecto de difusión o capacidad de absorción tecnológica.

La alfabetización es el indicador por excelencia de la educación.

Las técnicas elementales de lectura, escritura y el cálculo (poco extendidas en nuestro país a principios del S. XIX) se adquirían en el entorno familiar o en las escasas escuelas existentes, por lo general privadas o adscritas a la iglesia. Las técnicas de cada oficio se aprendían poniéndose al servicio de un “maestro” que enseñaba al aprendiz las artes del oficio. Poco a poco las escuelas fueron desplazando a la familia y al trabajo como formadores de capital humano.

La reforma Moyano fijó las bases del sistema educativo estatal que hoy conocemos y el informe Quintana, realizado por el poeta Manuel J. Quintana, dividió la enseñanza en tres niveles: elemental o primaria, bachillerato o secundaria y terciaria, superior o universitaria). En dicho informe también se declaró el principio de la generalidad y la gratuidad del Estado en esta área, aunque la realidad fue muy diferente: las escuelas primarias quedaron al cargo de los ayuntamientos, que emprendieron su tarea de manera irregular y desigual. En la enseñanza secundaria se admitió la corresponsabilidad con la Iglesia que asumió gran parte de esta enseñanza. La enseñanza universitaria fue reorganizada por los liberales. En esta esfera pervivió el principio de la exclusividad de la enseñanza pública.

La Institución libre de Enseñanza (entidad privada que junto con la reforma Moyano impulsó el sistema educativo) se convirtió a finales del s XIX en una gran influencia sobre la vida científica e intelectual.

Durante el s XIX el Estado en materia de eduación adoptó una postura reguladora, en lugar de intervencionista, ya que la ausencia de ingresos no le permitían asumir mayor gasto a nivel educativo, aunque el gasto que asumió lo empleó en los niveles universitarios en la mayor proporción a los que solo podían acceder las clases más altas. La educación secundaria se incorporó a los presupuestos del Estado en 1887 dejando el nivel primarios (la más accesible a la mayoría de la población) condicionados a los ayuntamientos y a las propias familias. Esta educación primaria no fue realmente universal hasta el siglo XX, con la creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1900 se incorporó su financiación.

El débil compromiso político y social con la educación se refleja en el reducido nivel de capital humano de la población española que abarca. El analfabetismo “solo” pasó del 80% en 1832 al 50% en 1914. (ver gráfico 2.4)

La tasa de escolarización primaria estuvo por debajo del 50% durante todo el siglo con un claro pero menguante diferencial sexual, los hombres cerca del 50% y las mujeres bastante menos al principio per convergiendo hacia los años previos a la Guerra Civil.

El gráfico 2.5 ilustra también una de las vías de como la educación de la mujer contribuyó al crecimiento económico: la tasa de masculinidad de los maestros de primaria presenta una caída persistente a excepción de las décadas de 1930 ya que aumentó la escolarización y empeoró la relación alumnos-maestro. Sin el aumento previo en las tasas de escolarización y alfabetización de las mujeres, es evidente que la feminización de la instrucción primaria no habría tenido lugar, lo que hubiera dilatado aún más su universalización al encarecer los costes (sueldos de los maestros) debido a su escasez (falta de maestras)

El modelo de financiación de la escuela a cargo de los municipios no era capaz de garantizar la escolarización primaria gratuita a toda la población.

La tasa de alfabetización es un indicador simple y fiable de la formación de capital humano de un país; si añadimos el diferencia sexual la predicción será más fiable. Mayor alfabetización es mayor renta, menor alfabetización femenina menor renta. El progreso siempre se ha producido por medio del cambio y por tanto del aprendizaje, si la población no puede leer ni escribir no se puede transmitir ese conocimiento. Si las mujeres no trabajaban, la importancia de leer y escribir no era en el trabajo sino en la educación de los hijos y en el comportamiento de la familia, y por tanto en la toma de decisiones que adquiere tal importancia que se refleja en la renta nacional.